Sequía Las Tablas de Daimiel
Un ejemplar de escribano palustre iberoriental.Iván Alambiaga

De la masiega que crecía en el Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel (Ciudad Real) solo queda algún retazo. Las formaciones de esta planta, consideradas hábitat de interés prioritario por Europa y el paisaje más característico del humedal manchego, no han sobrevivido a la sequía actual tras décadas de maltrato. El humedal solo cuenta en la actualidad con 20 hectáreas encharcadas ―14 de forma artificial― de un total de 1.750, y, aunque llueva, la masiega no regresará por sí sola, porque sus cepellones se han secado. En un efecto dominó, la muerte de esta especie vegetal afecta a otros inquilinos del parque nacional que se alimentan, se reproducen y se refugian en ella, como el escribano palustre iberoriental, una pequeña ave de tan solo 15 gramos, catalogada en peligro de extinción. Este año solo se han censado siete parejas, cuando lo habitual son unas 50. La población total en España es de 244 parejas, distribuida solo en tres lugares, uno de ellos, Las Tablas de Daimiel, indica la ONG ornitológica SEO/BirdLife.

Juan Monrós, profesor de Ecología e investigador de la Universidad de Valencia, considera “un desastre” la situación del escribano palustre iberoriental (Emberiza schoeniclus witherbyi) en Las Tablas de Daimiel, porque se pierde el 20% del total de esta subespecie en España. Es, además, la única población de humedal interior; el resto habita en zonas costeras, en el delta del Ebro y en el parque natural de s’Albufera de Mallorca. “Esta situación es un reflejo de la que pueden estar atravesando otras especies que no seguimos, sobre todo pájaros tan pequeños como estos que pasan desapercibidos”, añade. Su reducido tamaño no debe inducir a pensar que no son importantes para la biodiversidad. “Yo lo comparo con el patrimonio histórico, porque sería un desastre que se destruyera la catedral de Burgos, pero también una iglesia prerrománica”, argumenta Monrós.

La escasez de lluvias compromete también el futuro de otras especies amenazadas que encuentran refugio en el humedal, como el porrón pardo (Aythya nyroca) ―el espacio protegido atesora el 60% de la población nacional― o el pato colorado (Netta rufina) ―símbolo del parque―.

Todo ello a pesar de que el plan rector del parque nacional marca que en 2027 Las Tablas de Daimiel deberían contar con 50 hectáreas de masiega y con 600 hectáreas encharcadas al final de verano, unos mandatos imposibles de cumplir dado su estado actual. Cuando se creó el espacio protegido, en 1973, la masiega se encontraba en regresión, pero quedaban casi 650 hectáreas, que han ido desapareciendo con los incendios, la sobreexplotación del acuífero por la agricultura, la contaminación y las sequías. Sumido en un periodo seco desde hace 10 años, y con su régimen natural completamente perdido, el parque nacional se asemeja más a un secarral que al humedal que debería ser.

En las pocas ocasiones en las que el ecosistema recupera algo su flujo natural, siempre en periodos de lluvias, el agua comienza a aflorar del suelo formando pequeños charcos, que se convierten en regatos y, al unirse, forman el río Guadiana. Dada la poca pendiente de la zona, se genera una extensa llanura de inundación.

El tablazo mayor seco, este abril.
El tablazo mayor seco, este abril. Samuel Sánchez

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La falta de agua se extiende por zonas aledañas, lo que hace más complicada la supervivencia del escribano palustre iberoriental, que vive y se reproduce en áreas húmedas y no migra, por lo que les afecta mucho su desaparición o contaminación. Monrós realiza desde hace años censos de estas y otras especies en Las Tablas de Daimiel y comenta que “se podrían haber movido, pero ¿a qué lugar van a ir? No hay muchos sitios cerca donde puedan instalarse”. El investigador advierte de que una población de 50 parejas puede ser viable, pero no de siete, como la actual. La bujarda o el bigotudo son otras de las aves que utilizan la masiega ya inexistente. Además de alimentarse, construyen los nidos en las zonas bajas de la vegetación. “Sin agua y sin las plantas están más desprotegidos, más al alcance de los depredadores, y disminuye su capacidad de reproducción”, concreta el investigador.

Miles de estrechas interrelaciones

El problema estriba en los miles de interrelaciones que se tejen entre los elementos que constituyen los sistemas acuáticos. “Cuando se elimina uno, repercute en toda la cadena trófica [relaciones alimentarias entre las especies de un ecosistema]”, explica Santos Cirujano, uno de los mayores expertos en España en zonas húmedas continentales. No se trata de que una especie se sustituya por otra “y problema arreglado”, porque no serán las que necesitan muchas aves para alimentarse. Además, el parque nacional cambia, las tablas fluviales, al no inundarse, “acaban colonizadas por plantas como el carrizo o la enea, sin gran interés para muchas aves, o por tarayes, unos arbustos terrestres”, describe el científico.

La masiega, al borde de desaparición en las Tablas de Daimiel, en una imagen cedida.
La masiega, al borde de desaparición en las Tablas de Daimiel, en una imagen cedida.SANTOS CIRUJANO

Es la transformación de un ecosistema acuático en uno terrestre. Un proceso similar está teniendo lugar en el Parque Nacional de Doñana, en lo que se conoce como la daimielización de Doñana, en referencia a los avisos que lleva lanzando el humedal manchego desde hace décadas por la sobreexplotación del acuífero. En el emblemático espacio protegido andaluz primero aparece la pradera en las lagunas secas, después los juncales y por último la vegetación terrestre. No ocurre de un día a otro, porque el sistema está acostumbrado a la impredecibilidad de las lluvias. El problema es que al acuífero no le da tiempo a recuperarse para superar períodos secos como el actual.

Mientras el parque se va apagando, continúa la polémica en torno a si sería necesario recibir, hasta que la situación cambie, agua del trasvase Tajo-Segura de forma regular. Organizaciones como Ecologistas en Acción o SEO/BirdLife se manifiestan en contra, y aseguran que solo actuando en origen, en la agricultura, se podrá revertir la situación. Sin embargo, otros científicos consideran que llevar agua de otra cuenca es la única medida a corto-medio plazo para salvar Las Tablas de Daimiel.

El Ministerio para la Transición Ecológica informa a EL PAÍS de que se está elaborando un marco de actuaciones, que actualmente se encuentran en revisión. “En cuanto esté finalizado [no indican la fecha] se presentará y saldrá a información pública como se hizo con el de Doñana”, sostienen las mismas fuentes. Este año, además, el departamento de Teresa Ribera ha adquirido varias fincas en el entorno: Cañada del Gato, de 231 hectáreas, y cinco fincas más que suman 67,6 hectáreas, estas últimas con derechos de agua (pueden regar cultivos).

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